ENTREGA 4 PILEO
JUNIO DE 2005 El incendio Miles de faroles amarillos buscaban entre las sombras una salida de aquel hacinamiento atroz. Los brazos rozaban los pechos y las piernas los cuellos, en una amalgama de seres confundidos que unidos parecían un animal incomprendido y azotado por su amo. Manteniéndolos en tal estado permanecía indolente una jaula de barrotes tricolor que se erguían con apatía y frialdad. Gruesos como latas de sopa, y altos como tristes árboles secos y con largas raíces putrefactas que por su longitud y a pesar de su fragilidad, sostienen sin descanso ramas negras y polvorientas. A través del espacio que dejaban los barrotes entre ellos salían manos y pies impulsados por lamentos y quejidos crudos y escalofriantes. Fuera del cubo poseedor de sufrimiento caminaban altaneros y egocéntricos hombres con uniformes de color índigo claro, decorados con doce estrellas amarillo canario y con sombreros y botas de cuero. Custodiaban vigilantes la enorme celda, golpeando de vez en cua...